por German ARCE ROSS. Lima, febrero de 1987.

Artículo publicado en el Suplemento «Dominical», El Comercio, Lima, 13 de setiembre de 1987.

 

De la misma manera como en nuestra época, en nuestra sociedad y en nuestro cosmos intelectual y cultural, nosotros vivimos un periodo dicho de «posmodernismo”, el psicoanâlisis se vé controlado por una via de pensamiento que podemos llamar “posfreudiana”. Solamente que este universo posfreudiano no esta caracterizado por la cohesion sino por la satelizacion: existen los kleinianos, los junguianos, los lacanianos. Y nuestra investigacion no puede escapar a ésto: así, estamos obligados a hacer una critica de los desvios posfreudianos de la perspectiva deI Maestro.

Por ejemplo. si nuestro tema es: el amor, su concepciôn y sus relaciones con las modalidades patologicas, nos interesa una concepcion del amor que provenga de una cierta produccion del después-Freud, un amor que proponga un retorno a Freud mismo y que se situe en la enseñanza deI Dr. Lacan.

Una cosa es segura: es que a partir de Freud, la concepcion del amor ha cambiado. Pero, ¿en qué?

Como lo dice Lacan en su Seminario sobre La Etica del Psicoanalisis: « ¿Por qué el analisis, que produjo un cambio de perspectiva tan importante sobre el amor metiéndolo al centro de la experiencia ética, que produjo una nota original, ciertamente distinta del modo bajo el cual el amor ha sido situado hasta ahora por los moralistas y los filosofos en la economia de la relacion interhumana, por qué el anâlisis no ha impulsado las cosas mas lejos en el sentido de una investigacion de lo que nosotros debemos lIamar, hahlando propiamente, una erotica? Esta es una cosa que merece reflexion » (1).

Para responder bien esta cuestion, es necesario establecer al inicio la distincion entre amor narcisico, amor maternal y amor simbolico, aquél que se concibe como centro del don activo del sujeto. Necesitamos también realizar las conexiones de estos tres elementos de la estructura en la experiencia de amor con sus formaciones patologicas.

 

La Pasion de amor 

La pasion de amor puede ser una perversion. En el amor dicho narcisico se quiere ser amado y se quiere tomar (o capturar) al Otro, para satisfacciones propias, utilizandolo como un simple objeto frente a la consciencia de si. Esto crea un percurso que va hasta la realizacion perversa del sujeto, pasando por la construccion y la adoracion total del objeto. Este amor es la religion del objeto: el emblema llega a especularizarse para el sujeto apasionado; él se convierte en concreto: se quiere tomar el Otro, de tal manera que la satisfaccion no proviene más del hecho de ser amado por lo que es del orden del bien, sino que se aspira también y sobre todo a ser amado por las particularidades más dudosas o negativas.

De esta forma, el sujeto cree (e incluso a veces lo consigue, lo que es triste) poder hacer del amado un esclavo, un medio de afirmacion, un instrumento de poder del yo, de pasion, una expresion desviada del deseo de posesion. Sin embargo, este poder es ilusorio. El sujeto perverso sostiene y sustenta un amor que, en su fundamento, en su articulacion y en su objetivo, no es sino narcisico. Durante un cierto tiempo, esto puede ser tan bello, tierno y “exotico” como el amor en el niño, pero sucede un momento en el que las cosas explotan, porque ese deseo incontrolado no encuentra medio de colmarse, a pesar de las respuestas positivas del otro real que refuerzan, incluso, las acciones del yo. En ese estado nos situamos en la triste relacion especular que se caracteriza por la ceguez del sujeto sobre todo lo que puede significar un desarrollo de su ser.

Cuando pasamos por este estado de pasion, se pueden muy facilmente desconocer las consecuencias, digamos negativas, de una reaccion impulsiva por ejemplo, porque esta ceguez equivale casi a un delirio: en breve, nos situamos en la psicopatologia de la vida erotica.

 

Los Celos y el deseo de posesion

Una otra interrogante es aquella de los celos dichos normales. Podemos definirlos como la relacion entre la afirmacion primordial del deseo de posesion del sujeto y amenaza de la pérdida del objeto de amor en beneficio de un rival. Los celos son la reaccion afectiva inconsciente en la cual sentimientos de sufrimiento narcisico, de tristeza y agresividad se desarrollan a partir de sospechas en relacion a la infidelidad o a la pérdida dei objeto erotico, cuando el yo siente la posesiôn de este objeto amenazada por el elemento rival.

Asi, la relacion al Otro queda algo asi como reemplazada por una relacion de rivalidad imaginaria sobre el objeto de la posesion (se establece la triangularidad en el amor). Esta transformaci6n tiene como pivot la consciencia moral. Ella puede manifestarse a partir del Otro, al mismo tiempo en que esta ligada a una tendencia de autopunicion reprimida y a un sentimiento de culpabilidad por ocupar el lugar, el puesto, del propio sexo. La desconfianza celosa es una desconfianza que atañe la identidad sexual propia. Esto quiere decir que la sospecha sobre la infidelidad proviene, par medio de un mecanismo de proyeccion y de identificacion, de una falta de afirmacion del rol sexual propio.

El sujeto celoso cree ser el dueño (el posesor) del objeto de amor, lo que justifica sus actitudes de “defensa del patrimonio” y de rivalidad. El sujeto celoso tentaria no perder lo que tal vez ha perdido ya. El miedo de perder, de no poseer mas. alimenta la imaginarizacion de lo simbolico, como se puede ver en los fenomenos de interpretacion y de sospecha delirante o no.

El miedo sobre el acto de poseer (la amenaza que resiente la posesion) eleva ésta a un nivel superior al goce. Y asi, el amor puede facilmente convertirse en “perverso”, o sea, desviado de su objetivo inicial y normal que es el de buscar a ser amado.

 

Certeza e incerteza

En la pasion de amor, asi como en la sospecha celosa, los primeros elementos que se extraen de nuestro, analisis son las categorias de certeza e incerteza.

Que el amante esté seguro del amor del Otro solo tiene importancia en la medida en que esta  certeza participa del refuerzo del amor propio. « Yo estoy seguro que ella me ama » es una frase que puede representar una certeza meramente imaginaria. En vez de ser la tendencia de un verdadero reconocimiento del Otro, en vez de ser una verdadera busqueda del Otro en si mismo y por si, esta frase indica la posicion de un saber narcisico que es puesto como verdadero, como podria serlo una frase del tipo: « Yo estoy seguro que ella no me ama ». Lo que esta en juego en los dos casos, no es el Otro como ser independiente sino un otro como parte del yo, como una pura y simple prolongacion del amor propio. En ese registro de certeza imaginaria, el amor del Otro es un amor de marionetas, de un objeto que releva al mismo tiempo del ser y deI tener.

Al contrario, el amor que se funda sobre el movimiento del don activo y que se dirige al ser del sujeto, tiene como fuente una incerteza siempre presente, repetitiva y manifiesta. En ese caso, la prueba y la declaracion de amor se convierten en necesarias para volver a tomar y proseguir un proceso que solo puede ser infinito.

Si en la pasion de amor hay siempre una certeza que se funda sobre lo inesencial, en el amor, en el verdadero, encontramos una incerteza que opera sobre lo esencial.

 

NOTA:

(1) LACAN, J. Le Séminaire, Livre VII: L’Éthique de la psychanalyse (1959-1960). Texto establecido por Jacques-Alain Miller. Le Champ Freudien, Seuil, Paris, 1986, pagina 17.

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